viernes, 11 de marzo de 2011

Mis tesoros digitales

Recientemente he tenido que cambiar varios ordenadores de mi casa (tengo unos cuantos), entre los que incluyo la consola. Cada vez que hay un cambio de este tipo te planteas la cuestión de qué archivos pasar de la máquina antigua a la nueva. Al principio uno quisiera pasarlo todo, pero luego te das cuenta de que podría ser una buena oportunidad de seleccionar ficheros y limpiar la era. En cualquier caso es un quebradero de cabeza que se acentúa si surgen problemas para traspasar los datos que eliges.

Este problema puede tener los años contados si se populariza el cloud compuntig, gracias al cual tendremos, entre otras cosas, nuestros archivos en "la nube", en servidores, accesibles desde cualquier ordenador. Al principio asusta algo así por miedo a perder datos o a comprometer la confidencialidad, pero cuando uno cae en que servicios como el correo electrónico se basan en esta idea, ya no se ve tan lejano ni tan extraño.

Pero entonces cabe plantearse si la computación en nube nos privaría de la oportunidad que mencionaba al principio, la de sanear los contenidos que a menudo mantenemos por razones que desconocemos.

Es más, y que nadie me tache de insensible, ¿dónde quedaría la parte positiva de los virus y los discos duros rotos? Ah, ¿pero eso tiene algo positivo? En cierto modo sí, porque a veces nos ayuda a soltar lastre, a renovarnos, al desapego, como hace la parte más duramente disciplinada de la vida.

En el último cambio de máquina que he hecho ya estaba harto de traspasar ficheros. Reconozco que más por pereza que por convencimiento he dejado atrás fotos, documentos y aplicaciones, entre otras muchas cosas. Sin embargo, unos días después me he sentido de alguna manera liberado. Me he dado cuenta de que ninguno de mis tesoros era necesario. He descubierto que puedo vivir sin ellos.

Sin desear que me vuelva a pasar, lo agradezco, porque esta libertad no era tan obvia para mí.

Me pregunto qué pasará cuando en el futuro, gracias al cloud computing, arrastremos con nuestro equipaje electrónico durante toda la vida, secas las aguas del Leteo digital.

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