domingo, 20 de febrero de 2011

Amy Hennig

No adoro ídolos pero sí admiro a cierta gente, o más bien personajes, al menos mientras duran los valores que para mí los hacen destacar y con los cuales los defino. Después, cuando esos valores se diluyen, vuelven a ser personas, ni más ni menos, borrándose de mi espectro de personajes.

Desde hace tiempo uno de mis personajes más admirados es Amy Hennig, conocida por ser la directora de Uncharted.


Este juego despertó en mí un gran interés. Su fantástico aspecto visual era sólo la punta del iceberg, y para muchos un obstáculo que les impedía ver una consolidada sabiduría enriquecida con novedosos añadidos que, por refinados, escapaban a la percepción meramente sensualista -de la que son esclavos muchos de los que reniegan de las tecnologías gráficas-. Así, Uncharted requería también de una visión conceptual.

No era obligatorio un ejercicio de especial abstracción intelectual, de hecho bastaba con renunciar a los prejuicios y dejarse llevar para tener una experiencia extraordinaria; pero para valorarlo en todo su esplendor, sí es cierto que había que escudriñar la profundidad.

La artífice de esta dimensión es esta mujer, este personaje, que admiro por varias razones. En primer lugar por su actual inspiración, que la coloca en la élite de quienes utilizan de manera realmente creativa esta nueva forma de expresión que es la interactividad virtual.

Gracias a su formación literaria ha conseguido integrar en los juegos un componente anímico, con la dificultad añadida de comprometerse, libremente, a mantener algunos patrones tradicionales. Sin duda algo digno de mérito.

Ya demostró esta capacidad con Soul Reaver, uno de los mejores juegos de acción y aventura de todos los tiempos. Escrito y dirigido por ella, resultaba maravillosamente fascinante el complejo y deforme mundo que envolvía la historia desde el primer momento, así como su desarrollo y sus originales ideas jugables.

Su aportación resulta más llamativa si tenemos en cuenta que hablamos de una mujer, algo poco habitual -aunque con notables excepciones- en la literatura de este tipo, y desde luego una rareza sin paliativos si hablamos de videojuegos. Otro valor más que añadir a la lista.

Además Hennig es una creativa revolucionaria. Lo que ocurre es que parece saber que las revoluciones deben hacerse sin traumas siempre que sea posible. Persigue objetivos como renombrar conceptos clásicos de los juegos -uno de mis grandes deseos-, e introducir paulatinamente ideas que satisfagan a usuarios con determinadas inquietudes.

Pero es que también es uno de los personajes más humildes y prudentes del sector. Lejos de tener un tamaño de boca industrial como los de David Jaffe o Cliff Bleszinski, esta mujer, con una capacidad organizativa y creativa extraordinaria, se vuelca en su trabajo con una dedicación que no le deja tiempo para adorarse públicamente y ni mucho menos para generar polémicas.

Desde Uncharted 2 ha decidido ceder a otros la dirección de los proyectos, para centrarse, como directora creativa y escritora, en esa nueva profundidad que le otorga a sus juegos.

Te admiro, Amy.

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