domingo, 23 de enero de 2011

Educado por un gato

He logrado enseñar muchas cosas a mi gato, algunas sorprendentes. Puedo decirle que lo está haciendo mal con sólo señalarle con los dedos (se queda parado y gruñe), o hacer que venga con cierta probabilidad de éxito haciendo otro gesto; sabe que está prohibido subirse encima de las mesas y comer lo que no esté en su cuenco.

Creo que considerando las limitaciones de su sistema nervioso y de mi habilidad para adiestrar, puedo estar satisfecho con la educación del bicho. Como yo le digo, "estás hecho un primor, so pellejo".



Pero también me he dado cuenta de que él me ha educado a mí. Poco a poco he ido cediendo en cuestiones que al principio no me gustaban. Un acomodamiento que ya sea por cansancio o por acuerdo tácito, he acabado aceptando.

El animal duerme a menudo en un sillón que ha terminado siendo más suyo que de cualquiera, y araña superficies que no están muy a la vista, cuando antes yo quería que arañara sólo un rascador que compré para eso.

En fin, me imagino que el gato también podrá decir que, dentro de lo que cabe, le he salido dócil, y que no ha tenido mayores problemas conmigo.

Ambos hemos cedido. Supongo que en eso consiste convivir.

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