sábado, 13 de noviembre de 2010

Armonía en el conflicto

Puede entenderse que un conflicto es cualquier situación a equilibrar, un problema que debe ser resuelto, una meta que nos proponemos alcanzar, sea cual sea su naturaleza.

Hay muchas formas de afrontar un conflicto. Una de ellas es hacerlo de manera armoniosa; más que luchando contra él agresivamente, asumiéndolo con una naturalidad que nos permita disolverlo, integrarlo en el fluir de nuestras acciones -con la flexibilidad que esto requiera por nuestra parte-, de forma que el conflicto pase casi desapercibido para nosotros, sin ser apenas identificable como tal.

En otras palabras, se trata de que la contraposición de fuerzas -la que genera el conflicto y la nuestra- conformen un sistema lo más armonioso posible. De hecho los conflictos son la semilla de la armonía.


Pero para ello no basta con la intención. Es necesario tener integradas en nuestra persona la actitud, la flexibilidad y el vigor que esto requiere. Algo que sólo se consigue con una práctica infatigable.

Para un niño que comienza a andar, un conflicto puede consistir en avanzar apenas unos pasos. Un adulto sin problemas motrices ni siquiera considera esto un conflicto, lo resuelve sin que la fuerza que tiene que oponer le suponga estrés alguno. La meta no le abruma, la adaptación es automática y la energía surge por sí sola.

Qué fuerte es quien consigue encontrar la armonía en el conflicto.

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