domingo, 3 de octubre de 2010

Las lágrimas del Padrino

Apenas recuperado del disparo de bala, el Don pregunta que quién ha sido. Quién le ha vengado.


Cuando le dicen que ha sido Michael se echa a llorar. Sabe que no hay vuelta atrás para su más amado hijo. Para él quiso un nombre americano, un futuro sin manchas de sangre en sus manos, una vida diferente a la suya.

Ahora sabe que no hay vuelta atrás. Ni siquiera la rebeldía de su hijo ha podido evitar la transmisión del estigma, el que no quería que heredara y que no puede ser borrado, porque se escribe con el fuego del odio. Propio y ajeno.

Condenado el hijo a caminar por su misma senda, sólo puede apoyarle con todas las consecuencias. El amor fracasó en su fin más puro, quizá por intentar alcanzarlo con medios aciagos. Ese amor ahora se dedicará a enseñar sabiamente cómo vivir del odio.

Después de todo, es lo que mejor sabe hacer.

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