sábado, 9 de octubre de 2010

El campero, el auténtico jugador

A veces se aprovecha la debilidad de la memoria para negar que PS2 tuviese juego online, pero hasta yo, enemigo de la nostalgia, puedo recordarlo. Y además era gratuito -¡ay!-.


Pese a mi preferencia por la inmersión de los juegos individuales, lo pasé bastante bien en aquella época con estos modos de juego. Mis partidas online se acabaron concentrando en Metal Gear Solid 3, el cual me enganchó sobremanera, siendo una de las experiencias más adictivas que he tenido.

Llegué incluso a idear un truco para apuntar de forma rápida y precisa: pegué unos hilos en el marco de la tele de forma que se cruzaran justo en el centro de la pantalla, supliendo así la carencia de un punto de mira en el juego. Al principio me preguntaba si eso era hacer trampa, pero cuando empezó a funcionar la satisfacción me ayudó a superar la culpa.

De todas formas entendería que alguien cuestionara la deportividad de este truco, después de todo se trata de algo ajeno a las opciones concebidas por los diseñadores del juego.

Ahora bien, todo aquello que esté contemplado como opción en el diseño teórico del juego es perfectamente válido y en absoluto censurable. Es más, suele ser beneficioso para la experiencia.

Algo tan obvio no haría falta aclararlo si no fuese porque la figura del abusón de colegio, lamentablemente, se ha colado en el juego online a nivel mundial. No sólo eso, sus edictos encefaloplánicos y machomanos se han convertido en moda y, caguémonos, en normas poco menos que de etiqueta.

Llegados a este punto haré una gran revelación para ellos: los rifles de francotirador están para usarlos.


Y no sólo los rifles, la hierba de algunos escenarios no es para que coman esas cabras que nunca ves, sirven para esconderse. Hasta las zonas abiertas tienen su función, que no es otra que la de ofrecer carnaza. Estas y otras cosas están contempladas en el diseño del juego, contribuyendo a darle sentido.

Concretaré un poco más la transposición molecular en la que se materializa la figura del abusón en los juegos. Para empezar, es alguien con una conexión que le da ventaja, si no no estaríamos ante esta lacra. Con un nulo sentido, ya no de la táctica, sino de la realidad que intenta virtualizarse en el juego, corretea sin cesar por los escenarios esperando toparse a la vuelta de la esquina con un infeliz que tenga un ping peor que el suyo.

Típicamente el abusón de juegos se agarra con fiereza a una escopeta recortada (una "chata") o, en la variante me-meo-en-la-inmersión, a un lanzagranadas con cargador que no dudará en disparar a bocajarro.

El abusón pasa de colaborar con otros jugadores. Pasa de entender el juego. Pasa de jugar. El abusón sólo quiere engordar rápido las estadísticas. Corre y corre, como Forrest, pero sin saber lo que es el amor.

Conocedor de la jerga online más intimidatoria, el abusón a menudo lidera un grupo de pseudo-abusones (entiéndase, las mismas artes, peor conexión), a los que a base de mostrar sus gruesas estadísticas y sus modales, ha sometido a su voluntad. "De mayor quiero ser como Destroyer666, mamá". Ya no piensan por ellos mismos, el abusón dicta y sus seguidores extienden al resto de la comunidad la epidemia del mal gusto.

Mención aparte merece el abusón ibérico, todo un portento en concentrar las cualidades antes mencionadas. Pero no me detendré en él pese a las ganas. En su lugar pasaré a hablar de un tipo de jugador muy criticado por buena parte de la comunidad, una vez ha quedado sometida a la estupidez del abusón. Paradójicamente la víctima criticada es de un valor incalculable para la comunidad actual y futura, es el empollón maltratado en los pasillos. El campero.


Yo llamo "campero" al campero "legal", no al tramposo que se aprovecha de respawns predecibles y de otros trucos sucios; ese espécimen está más cerca del abusón, del quiero sumar puntos como sea. Aquí hablo de quienes son criticados por una actitud entendida de manera equivocada como poco participativa o excesivamente prudente.

El campero auténtico es un perfil más de entre los que han entendido el sentido del juego. De hecho es un perfil necesario. Por ejemplo, sin él los espacios abiertos del supuesto conflicto bélico, parecerían patios de recreo con niños armados y hasta el culo de anfetas.

Las armas disponibles y los escenarios dan buenas pistas de qué se espera del juego como concepto. Es conveniente que haya variedad, gente que aproveche cada arma y cada ventaja del escenario, pero no es necesario que siempre haya de todo. Lo importante es que se respete el sentido del juego, eso lo hace más divertido. Hacer el cafre está bien para pasar un rato, pero no es la afición de un auténtico campero.

Puede haber camperos esquivos, que aunque no favorecen una partida animada, tampoco la van a impedir. No pueden. Recordemos, forman parte del diseño del juego. Tener una conexión que te da ventaja para incitar al resto a un cuerpo a cuerpo suicida, no es parte de nada bueno.

Quiero mencionar que no todos los camperos son francotiradores. Los puede haber que emplean los más variados métodos. Lo que tienen en común los camperos es que se han dejado absorber por la lógica del juego -no necesariamente por la inmersión-, y ésta, salvo que el juego sea muy irreal, invita a la prudencia, la cual no está reñida con la diversión. Al contrario, jugar de forma realista le proporciona al juego una emoción bien integrada en el ambiente bélico.

Salvo que haya tozudos jugadores empeñados en pasar siempre por el mismo sitio, el campero no suele sacar demasiado provecho de cara a las estadísticas. Lo que ocurre es que a menudo sus víctimas son abusones -subconjunto de la población "tozudos jugadores"-, algo que hace que con la Iglesia hayamos topado; los hacedores de las reglas del mal gusto, modas que incomprensiblemente han cuajado como modelos de comportamiento, han puesto a parir a los camperos y por tanto, se sea o no abusón, hay que criticarlos, así no se puede jugar, hombre, da la cara, baja del árbol y dale vueltas al edificio del centro, hasta que nos encontremos, que vas a flipar con mi conexión y con mi chata.

No sé si un campero es alguien cobarde. Desde luego esconderse tras una buena ventana es más respetable que esconderse tras una buena conexión de Internet. En cualquier caso esta cuestión no me preocupa porque la cobardía puede ser parte del juego, aunque sé que esto es muy difícil de entender por los abusones y sus lacayos.

Pero incluso a esta gente le presupongo cierta intuición. Creo que se critica al campero con tanta vehemencia porque en el fondo se reconoce su fortaleza, su natural integración en el juego, su necesidad de existencia para darle sentido al mismo. El pataleo es un mero desahogo, la comunidad sabe inconscientemente que habrá camperos mientras haya quien entienda los juegos.

1 comentario:

  1. Los francotiradores son necesarios en el juego, los camperos, no. Yo entiendo como campero no solo al que está siempre esperando a que alguien se cruce en su punto de mira desde la distancia, también al que se esconde en un rincón y no se mueve mientras espera que alguien se le cruce.

    Si todos jugaramos así, escondidos esperando a víctimas. Nadie jugaría, porque todos pasaríamos la partida agazapados sin movernos. Y sí, el campero es un cobarde,que quiere matar y que no le maten.

    Muchos se dirán que cual es la diferencia entre un francotirador y un campero. El francotirador está apoyando al grupo o controla una zona, cumple una función más dentro de su equipo. Y el grupo como tal, tiene que ser dinámico, por tanto el francotirador también tiene que moverse para seguir apoyando y cubriendo a su equipo.

    Quedarse en un lugar, estático, al margen de los demás, sería algo tan inverosimil como mandar a un pelotón al frente y que un soldado se quedará en un lugar al margen de la acción. En una zona segura para él mientras sus compañeros se la juegan, vamos, como han dicho un cobarde.

    El problema, que es lo que beneficia a los camperos, es que los mapas de juegos son muy pequeños, y te pongas donde te pontas alguien se te cruza, en una guerra de verdad, donde el frente avanza mientras se lucha, el campero se quedaría siempre lejos de la acción, seguro. Ese es su mayor miedo, que no le maten

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