domingo, 17 de octubre de 2010

Cuando algo funciona bien

A menudo, cuando algo funciona bien, realmente bien, resulta invisible. La tendencia que tenemos a la comodidad hace que nos adaptemos sobre la marcha, y que infravaloremos el resultado final.

Esta idea me ronda la cabeza de forma especial, por distintas cuestiones, desde hace unos días, pero fue a raíz de la última vez que jugué a "Naruto: Ultimate Ninja Storm" cuando decidí reflejarla en el blog.


Naruto UNS es más que un juego resultón de gráficos OMG! de la famosa serie.

No voy a analizarlo. Sólo quiero decir que sus combates emplean una fórmula muy bien calibrada, la cual encaja perfectamente con el jugador.

Sus acciones son sencillas, pero no obstante dan de sobra para la táctica y para que los astutos saquen ventaja sobre los machaca-botones. (No todos los juegos de lucha pueden decir lo mismo, incluidos los más famosos que van de hardcores.)

Esa sencillez, que a priori podría ser objeto de críticas -como de hecho lo es-, sale reforzada por sus resultados, convirtiéndose en algo mucho mejor que un control complejo que acapara la atención.

En el caso de Naruto UNS, el jugador nota la facilidad de adaptación a las acciones, o mejor dicho, no la nota. Simplemente se pone a jugar y se despliega ante él un vistoso combate sin apenas esfuerzo apreciable; el enemigo no es el control, es Orochimaru.

Pero precisamente porque el control no es protagonista, sino que como un buen árbitro de fútbol sencillamente desaparece, sucede que para el crítico, cuando después debe sacar conclusiones, mentalmente se acuerda del apartado del control, y como no consigue recordar nada significativo de él, lo tacha de soso, cuando realmente contiene chorros de sabiduría.

Otro aspecto a destacar es la cámara, de nuevo una discreta pero genial característica. Va y viene sin cesar; ahora está justo a la espalda de tu personaje, ahora está delante de él y a mucha distancia. Quien reflexiona sobre esta movilidad, cae en la cuenta de lo asombroso del control del personaje, que sigue siendo sumamente intuitivo pese a los constantes cambios de encuadre, sin marear en absoluto y sin que seamos conscientes de ello. Sólo disfrutamos del espectáculo. Ciertamente meritorio.

A veces parece que es conveniente introducir pequeños defectos en lo que hacemos para que se haga notar.

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