sábado, 14 de agosto de 2010

La grandeza de los matices

"El arte no es una obra completa, es el matiz", dice Paco de Lucía en una entrevista que he leído hoy en un momento asombrosamente apropiado.




Esta mañana desayunaba en una cafetería con mi mujer. Ella me contaba que quería avanzar otro nivel en sus estudios con el violonchelo. Más que técnica, ahora buscaba lo que ella llamaba "sentimiento". 


Creo haberla entendido bien. La mera ejecución de una obra musical, por impecable que sea, puede estar vacía si no se la provee de personalidad, y esa personalidad, que es la que la diferencia de otras ejecuciones, se manifiesta a través de los matices.


Y de ellos hemos hablado, aún sin haber leído esa entrevista a Paco de Lucía. Matices, toques de personalidad, diferencias pequeñas que, sin embargo, son lo más meritorio.


Siempre he pensado que el perfeccionamiento es una curva logarítmica, donde a partir de cierto punto una pequeña mejora requiere un coste o un talento excepcional.


La cosa es que la semana anterior, en el trabajo, había llegado a una conclusión parecida -o eso creo yo- en la programación de aplicaciones informáticas. Me resultaba curioso que las funciones más básicas e importantes fuesen relativamente fáciles de implementar, mientras que el perfeccionamiento de la aplicación era desproporcionadamente costoso, y sin miras de tener más fin que el que uno mismo se impusiera. Sin embargo, esas mejoras y características adicionales eran las que marcaban las diferencias entre una fría herramienta informática y una aplicación bien integrada con el usuario.


Bajando al mundo terrenal tras el desayuno, nos dirigimos al supermercado para hacer las compras de la semana, pero en el camino hicimos una parada en el Media Markt con el fin de comprar tóner para la impresora. Aprovechando la visita a la meca de las ofertas audiovisuales, hemos curioseado por las secciones de videojuegos, películas y música. En esta última me he topado con un disco firmado por Camarón, Paco de Lucía y Tomatito, "Como el agua".




Sin ser un aficionado a este tipo de música, tenía ganas de hacerme con un disco de Camarón, así que he aprovechado la oportunidad por 5 pavos.


Ya en casa, con la compra hecha, he aprovechado unos minutos que tenía libres para consultar la prensa local desde la PS3, por aquello de que arranca más rápido. Y para mi sorpresa me he encontrado con esa entrevista a Paco de Lucía, donde precisamente hablaba de la importancia de los matices en el arte. Qué curioso.


Pero la relación entre coste -esfuerzo- y talento me resulta fascinante y desconcertante a la vez. La anécdota de hoy me ha traído el recuerdo de otra entrevista a Paco de Lucía, muy antigua, realizada por Jesús Quintero. 


En ella el periodista le preguntaba que qué era el flamenco, y Paco respondía que se trataba de algo más fácil de lo que algunos creían: era como respirar.

2 comentarios:

  1. Era como respirar... Así es. Un buen intérprete no toca con la cabeza. Es mucho más que eso. algo instintivo y intuitivo pero de un nivel superior. lo decimos que hay que sacar el sonido de entrañas. Para eso necesita tener mucha humildad situando la música ante que nosotros mismos.

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