miércoles, 24 de marzo de 2010

La creatividad precede a las reglas

A veces uno cae en el error de pensar que las reglas son el origen de las creaciones. Quien tenga vocación de abogado del diablo dirá que creaciones y reglas nacieron al mismo tiempo, que junto con los hechos surgieron las leyes, y que estas existen con independencia de que hayan sido bien interpretadas.


Pero no. Las leyes modelan la realidad para poder representarla mediante esquemas mentales más o menos universales, como los lenguajes naturales o las matemáticas. Al modelar se proyecta, se llevan los significados de un espacio a otro, nunca por completo equivalentes, distorsionando la semántica en un intento de traducirla. Y las traducciones no existen rigurosamente hablando, sólo existen las aproximaciones.

Una vez discutí con alguien la función de la Real Academia Española. A mi interlocutor le llamaba la atención que yo dijera respecto a cierta palabra que la RAE estaba equivocada, cuando es la RAE la que, según él, dicta las normas del lenguaje. Sin embargo yo contaba con ventaja, puesto que ya había oído con anterioridad este tipo de críticas a interpretaciones concretas de la RAE.

Y ciertamente la RAE puede equivocarse, ya que el lenguaje es anterior a las reglas, pertenece al pueblo -que no al populacho- y la institución sólo actúa como "cronista". La RAE no dice cómo debe hablarse: cuenta cómo se habla.

Lo mismo es aplicable a otras áreas, digamos la música. Las reglas de la armonía son útiles para ahorrar trabajo a quienes busquen recetas rápidas, pero la creatividad, la belleza y el arte son anteriores y por tanto no están sujetas a ellas.

Incluso los videojuegos sufren este tipo de confusión. Un medio que acaba de nacer y ya hay gente que cree que aquí también las reglas preceden a la creatividad. Afortunadamente, los creativos no están por la labor de  adorar a Mario por los siglos de los siglos. Lo cual no quiere decir que Mario no pueda existir por los siglos de los siglos.


Existen dos clases de críticas, a propósito de este tipo de obras. Las destructivas y las constructivas; con estas últimas no me refiero a las que proponen mejoras, sino a otro enfoque que después describiré.

Una crítica destructiva es aquella que parte de un pre-juicio, concretamente de cómo debe ser algo según unas supuestas reglas, y a partir de ahí resta valor a lo criticado conforme detecte carencias respecto a su "plantilla". Cuanto menos se reste, mejor se valora. Los aspectos adicionales que el crítico perciba serán meros correctores de la valoración global.

Una crítica constructiva, por el contrario, parte de un lienzo en blanco donde se van añadiendo los valores de lo criticado. Cuanto más y mejores valores se añadan, mejor será la conclusión. Este enfoque tiene la ventaja de que uno no se limita por las reglas, estando en su lugar abierto a descubrir aspectos nuevos no escritos, por lo que se valoran con mejor actitud.

La crítica destructiva puede servir para un examen, pero no para valorar un obra creativa, donde las reglas no dictan nada, sino que sólo describen -si no tienen errores- lo que los creativos han hecho hasta ahora.

Quién sabe qué harán mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario