domingo, 21 de febrero de 2010

Controlar la mente

En la época en la que me dio por las religiones, cayó en mis manos un libro llamado El libro tibetano de la vida y de la muerte, una interpretación del budismo adaptada a occidente, especialmente a EEUU. 


Me vino como anillo al dedo durante la carrera, entre otras muchas cosas porque me dio a conocer la meditación y la meditación en acción, lo cual, con suficiente práctica, ayudaba a estar concentrado.

Según este texto, meditar no consiste en el clásico de "dejar la mente en blanco", sino en no aferrarse a los pensamientos que inevitablemente nos sobrevienen. Se trata de dejarlos pasar tantas veces como haga falta, sin recrearnos en ellos y sin enojarnos con nosotros mismos por haberlos dejado entrar en nuestra conciencia. 

Este ejercicio a la larga ayuda a tener control sobre nuestra mente, porque nos facilita elegir los pensamientos y, por consiguiente, también repercute sobre nuestro estado de ánimo, ya que es imposible pensar en algo positivo y sentirse mal al mismo tiempo.

Pero podemos ir aún más allá y extender la práctica de controlar la mente a las acciones diarias. La fórmula es bien conocida: concentrarse en lo que se está haciendo, lo que el libro llama meditar en acción.

Si por ejemplo nos estamos lavando las manos, debemos estar concentrados en eso. Una manera de evitar que nos asalten otros pensamientos en una acción tan asimilada, consiste en fijarse en los detalles, observando cada movimiento de nuestras manos.

En la vida diaria, durante buena parte del tiempo dejamos que nuestra mente se comporte como un caballo salvaje, el cual nos lleva caprichosamente hacia donde quiere. No podemos dejar que nuestra concentración y nuestro estado de ánimo sean caprichosos, debemos controlarlos. Porque además, abandonarse al descontrol es dejar que nuestra mente se vuelva cada vez más salvaje y más difícil de encauzar.


La meditación y la meditación en acción son formas de practicar el control mental, de hacer que nuestra mente vaya por donde nosotros queramos, que se concentre en lo que nosotros queramos y que nos haga sentir lo que nosotros queramos.

Pero esto sólo funciona cuando el control es práctica habitual, para que llegado el momento, al enfrentarnos a retos importantes, la mente ya esté domada.

Al principio no se ven los frutos, pero poco a poco, cuando tiende a convertirse en hábito, los beneficios son muy agradecidos.

2 comentarios:

  1. Bueno, no soy amigo de la meditación como comunmente se conoce y como has dicho tú, dejar la mente en blanco. Sin embargo lo que propones no está mal, aunque la meditación en acción no me gusta cómo suena. Si te estás lavando las manos sin prestar atención es porque has automatizado el proceso y no debes fijarte en los detalles, puedes ocupar tu mente con otros quehaceres. No sé si me explico.

    PD: tampoco soy amigo de las religiones, pero eso es otro tema :)

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  2. La automatización de acciones está bien, no se trata de eliminarla. La meditación en acción es un mero ejercicio para corregir problemas de concentración. Lo que pasa es que es más beneficiosa cuando se convierte en hábito, lo cuál tiene su coste como tú comentas: sólo puedes hacer una cosa a la vez.

    Yo tampoco soy amigo de las religiones, no creas. Es que hubo una época que me dio por leer cosas de este tipo, pero nada más.

    Saluditos!

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