domingo, 14 de febrero de 2010

Aprender idiomas de oreja

Quiero decir que los idiomas entran por el oído, no que se aprendan gratis.


Por mucha memoria fotográfica que tenga uno, la asimilación de las palabras es más auditiva que visual. Por eso cuando se tiene dificultad para identificar los sonidos de un idioma concreto, su aprendizaje se complica más de la cuenta. 

Es un problema que los educadores no quieren reconocer. Pero para caer en ello sólo hay que darse cuenta de que al igual que existen aptitudes innatas que facilitan el aprendizaje de idiomas en algunas personas, también existen dificultades innatas.

No tiene nada que ver con la capacidad para oír. De la misma manera que un daltónico, pese a que pueda ver nítidamente, tiene dificultades para identificar determinados colores, un daltónico auditivo tiene dificultades con los sonidos. Estas limitaciones son más frecuentes de lo que parece, lo que ocurre es que hay distintos grados de afección y no todo el mundo es consciente de hasta qué punto le condicionan.

Pasa lo mismo en la música, aunque en este campo sí está reconocido el problema. Lo llaman no tener oído. ¿Por qué no se reconoce esto abiertamente en el campo de los idiomas y se desarrollan métodos específicos de apoyo? En la música quieren ser elitistas y no están por la labor, pero eso no tiene sentido en los idiomas.

¿Y qué se puede hacer además de practicar y practicar? Ahí está la gracia, en que hay que calentarse la cabeza y buscar métodos que enfoquen la práctica de manera adecuada. Y por lo pronto, reconocer la existencia del problema del que hablamos. Un clásico entre los estudiantes de inglés, y no digamos de coreano.

Recuerdo que planteé mis recelos sobre mi capacidad de listening en una academia de inglés. La secretaria lo resolvió rápidamente: 

"¿Puedes oírme? Pues entonces ya está."

Vale. ¿Pero es recomendable el mismo método estándar ante una dificultad especial no contemplada al diseñarlo? Está claro que no.

Aunque todos hemos aprendido un idioma materno, las condiciones han sido muy diferentes a cuando uno aprende un idioma extranjero de adulto, además de que en los niños el cerebro tiene especial predisposición a absorber un primer método de comunicación.

Me acuerdo de cuando estudiaba japonés. Era el idioma con el que más rápido progresaba. En apenas un año tenía casi el mismo nivel que de inglés (aunque mi nivel de inglés es bajo hablamos de años de estudio).


Y todo porque la fonética del japonés es sorprendentemente parecida a la del español. Ambos idiomas coinciden en que tienen cinco vocales que suenan casi igual (qué importa que te noten el acento si te están viendo el careto de guiri), y las sílabas se pronuncian marcando su separación más que en otros idiomas, a lo que hay que añadir un conjunto de consonantes relativamente reducido.

Si alguien te dice despacio a ti, hispanohablante, una palabra en japonés, identificas los sonidos sin problema y puedes repetirla. Si te la dicen en inglés o en coreano, depende.

El resultado es que el aprendizaje fonético del japonés es rapidísimo, algo vital para retener y ampliar vocabulario, que es la esencia de cualquier idioma. Es más, los hispanohablantes incluso tenemos la suerte de que el criterio internacional de romanización del japonés (cuando se escribe con nuestro alfabeto), coincide casi siempre con nuestra pronunciación. Una "U" se pronuncia siempre [u], y no [a] ni [iu] ni nada raro.

(El coreano se transcribe con criterios más propios de la fonética inglesa, con lo que de entrada no sabes muy bien cómo se pronuncia una palabra que lees por primera vez transcrita. Por eso en este caso lo mejor es aprender el sistema de escritura cuanto antes, que afortunadamente es más sencillo de lo que parece.)

Esto es una muestra de que identificando los sonidos sin especiales dificultades, el aprendizaje de un idioma es más eficiente. La ventaja nace en el vocabulario y se extiende a la gramática, que por arrastre se aprende también más rápido.

A pesar de que yo estudiaba y practicaba el listening inglés más que mis compañeros de academia, los progresos eran ridículos al lado de los suyos. Algunos alumnos se incorporaron a las clases más tarde, apenas estudiaban y cuando abrían la boca te echabas las manos a la cabeza, de lo mal que pronunciaban y de las barbaridades gramaticales que soltaban. Pero oye, luego mi sensei inglesa les hablaba despacio y se enteraban, cuando yo seguía sin pillar ni jota. Les odiaba.

Estudiando japonés la cosa era diferente. Cuando mi sensei japonés hablaba despacio entendía prácticamente todo, sólo era cuestión de estudiar para conocer las palabras. Como aquello me motivaba, me volví un empollón y el odiado era yo.

Por azares del destino tuve que dejar mis estudios de japonés para centrarme en la práctica del sufrimiento en su estado puro, esto es, estudiar coreano. Pero eso es otra historia que merece un llanto aparte.

En definitiva, los educadores deberían reconocer este tipo de problema y buscar soluciones. El estudio de un idioma extranjero es algo difícil, sobre todo si lo haces en un país donde no se habla esa lengua, y sería muy útil un método que se centrara en ayudar en la identificación de sonidos.

2 comentarios:

  1. No podría estar más de acuerdo, básicamente porque me cuesta algo más de esfuerzo el entender el inglés hablado de lo normal creo yo. Aun así todo se consigue con práctica, y hoy en día que puedes ver series y pelis en su idioma original, abre muchas puertas a un aprendizaje más ameno.
    Yo también estoy estudiando japonés y salvo la escritura que es lo más complicadete, la pronunciación es casi exactamente la misma que aquí, lo cual agradezco.

    Sobre lo de oído musical, y te lo digo por mi experiencia de músico, tengo muchísimo mejor oído para la música en sí que para las letras y las canciones. Seguramente se deba a que estuve estudiando bastantes años en un conservatorio pero soy bastante más capaz y más sensible a las desafinaciones y a recordar (y sacar con algún instrumento) melodías y acordes que de aprender una puñetera estrofa de la canción del verano.

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  2. Qué envidia el tener oído para la música, es como tener un sentido más.

    Ánimo con el japonés que es un idioma precioso.

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